La “etapa de meseta”: Cuando no bajas de peso a pesar de la dieta

Es probable que en las primeras etapas de un tratamiento para adelgazar el resultado de tu esfuerzo se refleje favorablemente en la balanza, pero que con el transcurso del tiempo surjan situaciones que te lleven a no bajar de peso.

En esos períodos tenés que seguir adelante con tu plan nutricional y no deprimirte ni pensar negativamente.

Por el contrario: apreciar lo que conseguiste con dedicación, optimismo y paciencia.

No te desesperes cuando la balanza te indique que no has bajado. Eso puede obedecer a varios motivos:

• Que la dieta sea rutinaria.

La monotonía provoca aburrimiento y hace que te apartes del camino eligiendo otros platos que consideres que son permitidos, que no te perjudican la evolución del mismo y no consideras que todo plato efectuado en un restaurante con elaboración “siempre” tiene más de las grasas que tus menús diarios te brindan.

Para que la dieta no sea tediosa debes elegir platos variados pero considerar los momentos que vayas a comer fuera de tu casa, la posibilidad de elegir carnes (blancas o rojas) a la parrilla, con ensaladas multicolores y agregar una porción chica de papa, batata, choclo o arroz y, si es necesario, incluso puedes salirte controladamente del régimen en una comida semanal. Esto exige que tengas el control de lo que ingieres. Pero si consideras que no eres capaz de dominarte, si percibes que el probar algo que te agrada te impulsa a seguir comiéndolo sin límite, evita salirte.

Acepta tus propias debilidades; si continúas por tu camino, un desliz no será sinónimo de fracaso.

• Que no midas correctamente las cantidades.

Es importante que tanto al comienzo como en las etapas posteriores ajustes tu ingesta a las cantidades permitidas. Recuerda que no es imprescindible disponer de una balanza de precisión; manéjate con equivalencias: porción mediana de carne magra, plato sopero de ensalada, 1 cucharadita tipo té de aceite para condimentar las ensaladas, etc. Presta atención a todos los cambios que introduzcas por cuenta propia; aunque a veces resulten prácticos, pueden volverse en contra y hacer que no bajes lo previsto, que te estanques o que aumentes de peso.

• Que saltes comidas.

Considerar que esa modalidad te ayudará a bajar con más facilidad es un concepto erróneo. Como consecuencia se incrementará tu ansiedad; eso te conducirá a la mala elección de alimentos y al aumento de cantidades, y tu evolución se verá perjudicada. Ten presente que cuando el volumen de la ingesta es superior al que el metabolismo puede degradar, el exceso se transforma en grasas dentro del organismo. El fraccionamiento es necesario para que se produzca un desgaste energético en cada proceso digestivo.

• Que te apartes con frecuencia de tu plan nutricional.

No olvides que en las primeras etapas, en particular si tienes un sobrepeso importante, el resultado será significativo aunque no cumplas estrictamente con el plan. Puede suceder que esto te aliente a seguir transgrediendo, pero cuando hayas perdido kilos será difícil que bajes si continúas con los excesos y no respetas los volúmenes permitidos. A medida que vayas acercándote al peso saludable bajarás con mayor lentitud; por lo tanto, tendrás que respetar más que nunca las cantidades permitidas y tener muy en cuenta que picotear a deshoras obstaculiza el tratamiento. Lleva un registro diario de lo que comes; así podrás visualizar posibles errores e implementar cambios.

• Que haya una sobreexigencia con respecto a los resultados.

Si una semana no bajas de peso, no te desanimes y sigue con el plan. Valora lo que lograste, purifica tu mente de pensamientos pesimistas que te impidan continuar. No interrumpas el esfuerzo para alcanzar el resultado que anhelas. Come despacio, saborea y, si cumples con la tarea de cuidarte, disfruta sin sentir culpa.

• Que dejes de lado la actividad física.

Uno de los principales motivos de estancamiento, sobre todo cuando se está llegando al peso saludable, es el abandono del eslabón que conecta los elementos que integran el tratamiento: el ejercicio. No olvides que es muy importante, que el plan nutricional solo no basta. Practica algún deporte que te agrade. No recaigas en el sedentarismo.
Busca una actividad placentera: puede ser baile, caminar, andar en bicicleta, etc.

• Que te hagas trampa con pensamientos negativos.

Si en una reunión no respetaste el plan nutricional, no sigas al día siguiente con el pensamiento fijo de comer desaforadamente. Si pasas todo un día sin controlar lo que comes, no bajarás o aumentarás de peso y como consecuencia llegarás al desaliento y a un posterior abandono de la meta.

Cuando no bajes de peso, no te desanimes… procura rever cuáles son los motivos por el estancamiento o por el aumento de peso. Si estuviste efectuando correctamente el plan alimentario y la actividad física no hay motivos para que no hayas bajado, es cuestión que tengas retención de líquidos que si sigues haciendo bien tu plan alimentario y la actividad física, esto se verá reflejado en la semana siguiente.

No siempre se baja.

Hay motivos que te llevan a no bajar como todos los que te estoy presentando y también por no descansar bien a la noche, por estar con estrés, etc.

Si te desanimas y no haces correctamente los pasos para seguir bajando de peso, te llenarás de pesimismo y será más difícil retomar la vida sana. El pesimismo te llevará a no poder visualizar tus cambios, tus errores, tu falta de paciencia.

Otra causa de la meseta obedece a razones metabólicas.

El cuerpo pasa por una adaptación a la dieta y el ejercicio, se vuelve terco y le es más difícil perder peso. Esto puede generar retención de líquidos, con lo cual la grasa sigue disminuyendo pero el peso se mantiene.

Alcanzar un peso en el que habíamos estado antes por mucho tiempo de manera estable. Cuando subimos y bajamos mucho hay ciertos pesos que resultan cómodos para el organismo, en esos pesos el organismo se estabiliza y se estanca. Esta es la llamada zona de confort.

Factores externos como el período premenstrual, un reposo prolongado o etapas de gran estrés.

• Que esperes el apoyo incondicional de tu familia.

Es probable que luego de varios meses de tratamiento, y al ver resultados exitosos, las personas que te rodean ya no te alienten tanto como en las primeras etapas y lleven al hogar alimentos apetitosos con muchas calorías. Si los comes y no asumes tu error, te engañarás pensando que los demás tiene la culpa de que te hayas tentado y no hayas podido controlar la situación. No hagas recaer tu responsabilidad sobre otros. Tú eres quien está en tratamiento; sabes cuáles son las cosas que alejan de la meta, que te traen frustración por no poder enfrentarlas.

No niegues tu realidad

En lugar de tomar la decisión de abandonar de tu plan nutricional, recapacita. Los resultados dependen exclusivamente de ti.

Declarar que no tienes tiempo para efectuar alguna actividad física o que te tientas con frecuencia es buscar pretextos; admítelo.

Si quieres seguir bajando de peso, aprende a decir “no” al exceso en las porciones, distingue cuáles son los alimentos que puedes consumir en mayor cantidad y cuáles los que debes ingerir con precaución, incluye la actividad física al planificar tu jornada.

No te obsesiones con la idea de que por haberte alimentado mal un día has malogrado todo. Si transgrediste ayer, retoma hoy el plan adecuado; no esperes a mañana. La única manera de poner orden en tu vida es volver a la dieta.

En todas las etapas en que no obtengas los resultados esperados, medita sobre los logros que hasta entonces alcanzaste; eso te servirá de estímulo. No bajes brazos… Persevera para que los efectos positivos del tratamiento se prolonguen en el tiempo.

Negar tu realidad no te sirve.

Lucha para superar tus trabas… El momento para enfrentarte con tus errores y mejorar aspectos de tu vida que entorpecen tu marcha es siempre.

Antes de poner en práctica un plan específico para períodos de estancamiento —también llamados “de meseta”—, comprueba si hubo situaciones especiales como cumpleaños u otros festejos, si aumentaste el consumo de sal o bajaste la ingesta de líquidos, si te afectó el síndrome premenstrual o si descuidaste la actividad física.

Licenciada en nutrición Alicia Crocco

Anuncios